“...Pero, si muere, da mucho fruto”

Viviremos estos días el dolor, la tragedia, el tremendo fracaso humano de Alguien que soñó con un mundo -el Reino de Dios- de paz, de igualdad, de respeto y amor. Acompañaremos a Jesús en el sufrimiento, la Pasión y la Muerte.

Estamos demasiado acostumbrados a contemplarlo.  Es la tragedia indescriptible de millones de hermanos que mueren de hambre. Es el horror inenarrable de las masacres y holocaustos humanos en los lugares de violencia y de guerra incomprensibles. Es la desesperación de miles y miles de emigrantes, de gentes que se ven obligadas a huir de su país, de personas hacinadas como animales en los campos de refugio. Es el grito de miles de familias, víctimas del paro en un mundo super-civilizado. Es la gran cantidad de jóvenes agarrotados en el túnel del mundo de la droga y del sida, abocados a un horizonte sin futuro y casi sin presente.  Es la tristeza y angustia de tantos ancianos y enfermos ante la cruda realidad del dolor, la tristeza, el abandono  y la soledad. Es la tremenda insatisfacción y el vacío de millones de personas. Y es la fría indiferencia de quienes nos decimos humanos y cristianos. ¡Demasiada cruz y demasiada muerte!

Hermanos, hay ALGUIEN que fue y sigue siendo capaz de vencer el dolor y la muerte. ¡HA RESUCITADO! ¡Camina delante de nosotros! Ha dinamitado la desesperación y ha sembrado el mundo de optimismo y de esperanza. Es al anuncio adelantado del triunfo definitivo que abre de par en par las puertas de la alegría.  Él mismo nos anunció: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero, si muere, da mucho fruto”.  Toda su vida fue entrega generosa a los demás, especialmente a los pobres y excluidos de la sociedad. Pasó por la vida haciendo el bien a todos. Curaba a los enfermos y su palabras llenaban de sentido y de esperanza a cuantos se acercaban a Él.  Predicó y vivió una vida regida por un solo mandamiento: “amaos los unos a los otros como Yo os he amado”.

Ya en las puertas de la semana santa, llenémonos de la plenitud de su amor y del fruto de su entrega incondicional hasta el final con la certeza de que, los que participemos con él en su dolor, también triunfaremos con Él en el gozo desbordante de su Resurrección.